Todo ser humano esta en la capacidad de comprender, interpretar e interactuar en el medio en que se encuentre, es por esto que nos vemos en la necesidad de estar comunicándonos con los demás, por medio de diferentes estrategias,  las cuales nos facilitan el dar a entender nuestras ideas ya sean escritas, orales y gestuales. Esto prueba que nuestros estudiantes necesitan de una orientación, para mejorar en sus actitudes y aptitudes referente al lenguaje, siendo el lenguaje una base fundamental para un aprendizaje autónomo.

Se debe empezar por formar al docente de Lengua Castellana desde la relación estrecha entre lenguaje y pensamiento. Las dimensiones sólo se pueden desarrollar desde las instituciones educativas, con la orientación del docente de Lengua Castellana, si se modifica el paradigma de la enseñanza de la lengua por el de la pedagogía del lenguaje, entendiendo el lenguaje, en relación con la neurolingüística, la lingüística cognitiva y la antropología cultural, como la facultad específicamente humana cuya función va de la construcción del concepto al acto de significar. El niñ@  y el joven deben ser vistos por el docente desde las esferas objetiva, subjetiva e intersubjetiva, ya que él posee unas intenciones o propósitos  en relación con los objetos reales o mentales  y es quien los humaniza desde los parámetros determinados por la sociedad y por una ideología. Así, La clase de Lengua Castellana debe promover la generación de conceptos, en forma procesual, el análisis de las asociaciones, las transformaciones y el enriquecimiento cognitivo del educando, en relación con su entorno sígnico o simbólico: " La formación del concepto se inicia  a partir de la metacognición que permite la evocación de los esquemas que reposan en la memoria, iniciándose así un proceso de análisis-síntesis que permite diferenciar los que es esencia, de los que es accidente en objetos y hechos captados perceptualmente, por experiencia o como resultado de un nuevo proceso cognoscitivo; distinguir los trascendente de lo intrascendente; contrastar los puramente cognoscitivo de lo simplemente anecdótico. Lograda la diferencia se seleccionan los aspectos esenciales comunes de una determinada clase de objetos, de hechos o de procesos cuyo contexto varía por cambios de criterio o por hechos circunstanciales que en nada afectan su naturaleza. Se toman, entonces, estos aspectos comunes y se hacen extensivos a grupos y se forman conjuntos que tengan los mismos rasgos esenciales. Por último, esta conclusión se hace extensiva a otras series análogas para lograr la generalización" 1

La discursividad, en los talleres que se diseñen, debe orientarse mediante un proceso que lleve al estudiante a identificar elementos auditivos, visuales y corporales por parte de los usuarios del lenguaje; a determinar el orden y la forma de los enunciados para asignar un sentido, teniendo en cuenta el cotexto y el contexto; a establecer los diferentes estilos o variaciones de los enunciadores; A reconocer las estructuras esquemáticas o superestructuras de los discursos, de acuerdo con las funciones de los elementos y las secuencias presentadas en la interacción; a observar cómo estas estructuras reflejan el componente cultural, social e ideológico, por ejemplo, desde la toma de turnos, la formación de impresiones, la negociación, la persuasión, la reproducción de prejuicios raciales, los cambios de tópico, los cierres de conversaciones, los falsos inicios, las repeticiones, las contradicciones, las redundancias; a presuponer que los usuarios en los discursos presentan creencias socioculturales, opiniones, ideologías (componentes mentales cognitivos y emocionales compartidos socialmente); a reconocer que los discursos pueden definir o modificar las características de los contextos; a vislumbrar características de género, filiación étnica y cultura  a través de los discursos.

Como afirma Van Dijk: "En efecto si pretendiéramos explicar qué es el discurso, no nos bastaría analizar su estructura interna, las acciones que se desarrollan o las operaciones cognitivas involucradas en el uso del lenguaje. Para hacerlo, debemos dar cuenta del discurso como acción social, dentro de un marco de comprensión, comunicación e interacción que a su vez forma parte de estructuras y procesos socioculturales más amplios... En síntesis, el discurso es una parte intrínseca de la sociedad y participa de todas sus injusticias, así como de las luchas que se emprenden contra ellas. Los analistas críticos del discurso no se limitan a observar tales vínculos entre el discurso y las estructuras sociales, sino que proponen ser agentes del cambio..."2 Esta función como agentes de cambio es la que debemos proponérnosla y liderar los docentes de Lengua Castellana desde "La Educación Básica y Media en Colombia".

1 TOBÓN de Castro, Lucía. Op. Cit. 2001. P.25.

2 VAN DIJK, Teun A. Ibidem. P. 48 a 50.