PESADILLA INFANTIL
Cierto día en la capital del país, me hallaba haciendo compras con mi mamá en uno de los almacenes mas populares de la ciudad y que aun existe, este se llama TIA. Yo contaba tan solo con cuatro años y me gustaba curiosear entre los productos que se vendían alli; cuando me di cuenta ya estaba muy lejos de donde estaba mi mamá y la perdí de vista. Me vi solitaria en aquel supermercado, sentí tanto miedo que empecé a llorar y me dio mucha tristeza el no poder encontrar a mi mamá. A medida que pasaba el tiempo me fui alejando cada vez más del almacén hasta que finalmente me perdí. Caminé mucho hasta que se hizo tarde pues veía como el sol se ocultaba y empezaba a hacer frío.
Cansada y sin rumbo alguno, me encontré con una viejecita la cuál empezó a decirme que me quedara con ella esa noche, pero que debía pedir limosna, yo como era muy pequeña hice caso pues al verla no tuve ninguna clase de desconfianza y empecé a hacer lo que ella me decía. Me sentía tan sola, extrañaba tanto mi casa pero no sabía como llegar a ella. Me cubrí con unas hojas de periódico las cuales la pobre anciana utilizaba como abrigo. Esta mujer deambulaba por las calles capitalinas, viviendo tan solo de las sobras que le brindaba la gente al pasar; alli me encontraba YO, sola, fatigada y triste.
Al anochecer, la anciana me pidió el dinero que yo había recogido, con este compro pan y el resto lo guardo.
Fue pasando el tiempo y mis padres no me podían encontrar. Me acuerdo que un día pase por el colegio donde mi hermana estudiaba y me alegre por que supe que estaba cerca de mi casa, hasta tuve la idea de esperar allí, pero la viejita no quiso aguardar esa noche, por que estaba la policía desalojando a los indigentes que caminaban por esas calles. No se como ni cuando, solo se que después de cierto tiempo, mis padres alertaron a las autoridades, hasta pasaron mi foto por un programa de televisión.
Cuentan mis padres que una señora me vio por televisión y vio que aquella niña que andaba con la anciana era yo. Aunque pasaron solo 2 días, yo ya estaba sucia y andrajosa. Una señora de un restaurante que nos daba comida que le sobraba me reconoció, hasta le preguntaba a la anciana quien era yo y la viejecita respondía con evasivas. Esta señora fue como mi ángel de la guarda por haberme identificado, sin embargo agradezco a esa anciana por enseñarme formas para sobrevivir. Esta señora dio sobre aviso a las autoridades, y pude volver a ver a mis padres.
Gracias a DIOS, me regocije de nuevo en el calor de mi hogar, no se pero esto hizo que mi vida tomara un rumbo diferente, y me convirtiera en alguien especial, una persona solidaria, humilde, y sobre todo una persona integra con principios y valores. No quisiera imaginarme lo que hubiese pasado si mis padres no me hubieran encontrado, me hubiera quedado pérdida.
Eso se lo dejo a la imaginación de ustedes lectores los cuales saben como es vivir en esta ciudad, con sus calles grandes, estrepitosas, lúgubres y carnavalescas...
